Las abejas y otros polinizadores, como las mariposas, los murciélagos y los colibríes, se ven cada vez más amenazados por las actividades del ser humano.

La polinización es un proceso fundamental para la supervivencia de los ecosistemas, esencial para la producción y reproducción de muchos cultivos y plantas silvestres. Los polinizadores no solo contribuyen directamente a la seguridad alimentaria, sino que además son indispensables para conservar la biodiversidad, piedra angular en el cumplimiento de los Objetvos de Desarrollo Sostenible (ODS). Asimismo, sirven para alertarnos sobre los nuevos riesgos ambientales, indicando la salud de los ecosistemas locales.

Los insectos invasores, los pesticidas, los cambios en el uso de las tierras y los monocultivos pueden reducir los nutrientes disponibles y suponer una amenaza para las colonias de abejas.

Para crear conciencia sobre la importancia de los polinizadores, las amenazas a las que se enfrentan y su contribución al desarrollo sostenible, las Naciones Unidas declararon el 20 de mayo como Día Mundial de las Abejas.

La abeja negra canaria

La progresiva importación de otras razas foráneas ha ocasionado cierto grado de hibridación, es decir, la mezcla genética de las abejas negras locales, que varía en cada territorio, lo que provoca, que se ponga en peligro la continuidad de la raza si no te toman medidas que lo eviten. Las investigaciones realizadas hasta la fecha por diferentes universidades españolas apuntan a un origen africano de esta raza apícola, que con el paso del tiempo ha desarrollado variantes endémicas del Archipiélago.

La abeja negra canaria se trata de una abeja rústica que se distingue por su color oscuro que contrasta con las de otras latitudes, así como por su perfecta adaptación al medio y al clima de las Islas, mansedumbre y óptimo aprovechamiento de nuestras floraciones en la producción de miel. Otra de sus aptitudes es su fuerte comportamiento higiénico, lo cual, en la práctica apícola se vincula a una menor incidencia de enfermedades.